Texto para Obertura a Morazán
HABLA MORAZÁN
Texto para Obertura a Morazán, de Sergio Rodríguez. Premier mundial en Tegucigalpa. Eduardo Bähr (Comienza la Obertura en su primera parte. Pausa. El director de orquesta señala acción para el Narrador, entre bambalinas, que no ve el público) VOZ EN OFF: MORAZÁN: “SOY, como se sabe, el último presidente de la República Federal de las Provincias Unidas de Centro de América, formada por Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica. Nací en Tegucigalpa, Honduras, el 3 de octubre de 1792. Estuve inmerso en la historia de estos países con un solo propósito: Unir y conservar unidas a las cinco naciones primigenias. Siempre supe que el destino de estas naciones era el de la unión y esto era así porque tarde o temprano los pueblos que la componen sabrían que separados serían presa fácil de los políticos ambiciosos y los militares conservadores; de las asechanzas y agresiones de las potencias extranjeras; y finalmente, avasallados y en completo estado de indefensión ante los poderosos de siempre. “Las fuerzas separatistas siempre han existido y a mí me tocó rechazarlas con el esfuerzo, la lucha y la vida de los centroamericanos que creyeron en mi ideal, que vieron en una aureola la luz que iluminaría su destino, conquistado con las armas por ellos mismos. “Mi paso por la historia de Centroamérica iba a tener esta característica: Era yo un astro centelleante para la noche del oscurantismo casi medieval en el que se debatían miles de seres humanos. Durante la Restauración traté de poner en marcha reformas profundas, que se estrellaron contra múltiples obstáculos: el particularismo de las provincias, la falta de escrúpulos de los militares, la oposición de la Iglesia, las presiones internacionales, la bancarrota financiera, las críticas al nepotismo y la corrupción de los grupos gobernantes; como ha sucedido en mi desafortunada Centroamérica hasta este momento. “Todo se conjugó en contra de la luz y de la libertad hasta que, en plena tormenta de las contradicciones políticas, fui asesinado, un 15 de septiembre de 1842. “Si hoy hablo en nombre propio y vosotros me escucháis es porque, un 15 de septiembre de 1921, las provincias centroamericanas habían ya emprendido el camino de la Independencia; y me escucháis porque, a pesar de que vuestros problemas persisten tantos años después, en los pueblos de Centroamérica está vivo el anhelo de la libertad y ese, como mi espíritu, que es el que en este momento os habla, es indestructible, es inmortal”.
(Comienza la segunda parte de la Obertura. El Director señala hacia el Narrador, fondo tenue de la música)
VOZ EN OFF: MORAZÁN: “Son las 5:30 de la tarde del veintiún aniversario de la Independencia de la República Federal de Centro América. Mi sueño, como lo fue la Gran Colombia para Bolívar, está a un paso de desvanecerse, quizá para siempre, quizá no; según sea de ahora en adelante la voluntad de los pueblos centroamericanos que a costa de mi vida lideré.
“He pedido a mis asesinos dirigir yo mismo el pelotón de fusilamiento. Hace muy poco, firme y con mi mejor temple, he podido consolar a mi amigo y aliado Vicente Villaseñor, también condenado a muerte por los oligarcas traidores de la Unión: Querido amigo, -le digo, mientras ordeno su despeinada cabellera-: la posteridad nos hará justicia. Quise decirle a los pueblos de Centroamérica: “Echemos el miedo a la espalda y salvemos a la patria”, como ya lo había dicho Bolívar, cuyas hazañas conocía yo muy bien. Mas todos se enterarían luego de mi palabra escrita, del testamento escrito por el hombre que hoy ejecutaban, mi palabra y mensaje para la juventud, no como una orden, sino como un ruego: ¡Deseo que imiten mi ejemplo de morir con firmeza! “Ahora he descubierto mi pecho y, sin esperar circunstancias temporales, doy la orden de fuego… Disparan, y al eco del unísono disparo se une la voz del viento que convierte mis palabras en conciencia y en tempestad eterna: ¡Declaro que mi amor a Centroamérica muere conmigo!
“Con voz débil, pero firme, hago la reclamación que quedará para siempre en la historia de los hombres valientes, mas no de los cobardes: ¡Aún estoy vivo! Mi voz es la respuesta del ideal ante las ráfagas de la traición.
“Ahora soy un héroe intemporal. Estoy en la conciencia de los hombres libres del mundo. Vosotros podéis escucharme porque, si alguna vez se hubiese de dar corporeidad al alma y al espíritu, lo será con la sangre de la música. La música que oís y os penetra, la música que os conmociona, la música que os recuerda vuestra deuda conmigo, con mi vida, con mi muerte y con mi sacrificio. La música que os habrá de repetir, por siempre:
“¡Aún estoy vivo!”
Tegucigalpa, 14 de julio de 2009.
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Por lobogabriel - 16 de Julio, 2009, 4:47, Categoría: lecturas
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